Quizás nadie sepa quién eres, quizás ni siquiera aquel niño que sopló la velita llegue a saberlo... pero lo sabes tú y Dios, yo pienso que es más que suficiente.
No te imaginas lo feliz que era él al ver cada cosa que salía de la mochila, tuve que caminar en la lluvia y ya me resfrié, pero vaya que valió la pena.
Te regalo una de sus sonrisas... gracias por ser mi cómplice esta vez =)
Gracias Malú...